Guía para circular con lluvia, niebla y en circunstancias climatológicas adversas

 

Durante los meses de invierno se producen una gran cantidad de accidentes de tráfico en nuestro país, debido a las temperaturas variables que existen entre cada región y la dificultad de adaptar la conducción a las circunstancias que nos pide la carretera. En estos últimos tres años y tan sólo durante los meses de diciembre a febrero, se han producido 278 fallecimientos y más de 15.000 accidentes en nuestras carreteras, lo que supone unos índices muy altos de siniestralidad en relación a la baja movilidad que se produce durante este tiempo.

Por tanto resulta conveniente conocer y aplicar una serie de conductas que nos permitan tener total seguridad al volante para prevenir el error humano y tener un control total de nuestro vehículo en diferentes condiciones climáticas. Aquí podrás aprender cuáles son las principales dificultades que podemos encontrar durante el periodo invernal y cómo exponernos a ellas sin problemas.

¿Qué hacer generalmente en circunstancias climatológicas adversas?

 

La peligrosidad a la que nos exponemos en condiciones extremas del clima residen principalmente en la dificultad para realizar maniobras, conducir con prudencia y controlar el vehículo en situaciones delicadas, como por ejemplo y sobre todo, la lluvia. En casos en los que el suelo esté resbaladizo, nos pillen rachas de aire por sorpresa, haya mala visibilidad o cometamos errores, como una velocidad inadecuada, pueden suponernos complicaciones que estamos a tiempo de corregir y evitar.

En el caso de la lluvia peor resulta cuando caen las primeras gotas, ya que al mezclarse con el polvo y grasa del asfalto pueden crear una película más resbaladiza aún que sobre suelo totalmente mojado tras una lluvia fuerte. La niebla intensa, el viento, la nieve y el hielo son otros condicionantes a tener en cuenta durante esta temporada de invierno que pueden ponernos las cosas complicadas durante nuestra ruta.

Es por ello que, en rasgos generales, debemos adaptar nuestra velocidad a las circunstancias del terreno, estado del suelo y de visibilidad, aumentar la distancia de seguridad con el resto de vehículos que nos preceden para aumentar nuestra capacidad de reacción ante un imprevisto, evitar frenadas bruscas y realizar las maniobras suavemente, controlar el perfecto estado de los elementos de nuestro vehículo como las luces, neumáticos y equipo especial como cadenas, chalecos reflectantes, triángulos de emergencia, etc.

Conducción con lluvia

La lluvia como hemos dicho es uno de los elementos causantes de peores condiciones en carretera y, por tanto, mayor número de accidentes (alrededor de 7 de cada 10), debido a que genera una menor visibilidad y reduce la adherencia de forma extrema desde las primeras gotas. Además, los días de lluvia en grandes ciudades provocan una circulación más lenta y por tanto atascos y retenciones en masa.

Sobre todo debemos extremar la precaución cuando corramos el riesgo de realizar aquaplanning, pudiendo perder el control y estabilidad del vehículo consecuencia de una presión inadecuada de los neumáticos o el desgaste de la profundidad del dibujo. Si nos encontramos de frente con una zona encharcada debemos alejarnos rápidamente de ella, por mucho que conozcamos ese tramo, ya que puede arrastrar el vehículo u ocultar un socavón en la carretera.

Lo que debemos hacer en estos casos es mantener la atención en una buena limpieza y estado de los faros, espejos, parabrisas y limpiaparabrisas para obtener una mejor visión del entorno. Podemos quitar el vaho de los cristales usando aire caliente o el aire acondicionado con potencia, algo con lo que todos los vehículos actuales cuentan de serie. Es importante encender el alumbrado de cruce, sobre todo para ser vistos, y aumentar la distancia de seguridad para evitar frenazos a destiempo y las salpicaduras del coche de delante.

Conducción con niebla

En España es habitual encontrar niebla en zonas de montaña y de frío, pero regiones como Murcia, Albacete, Toledo, Extremadura, Orense, el norte de Castilla y León y el interior de Cataluña también cuentan con temporadas amplias de niebla. Conducir en estos casos implica un humedecimiento general de la calzadapudiendo hacerla más deslizante. Por lo tanto es aconsejable una reducción drástica de la velocidad hasta límites que nos permitan conducir tranquilos, evitando si es posible los adelantamientos, sobre todo en carreteras convencionales.

El uso de las luces largas no es aconsejable ya que pueden provocar un efecto rebote que nos deslumbre a nosotros mismos, por lo que debemos activar el alumbrado antiniebla, no sólo para ver, si no para ser vistos y apagarlas de nuevo al recuperar la visibilidad, para no molestar al resto de conductores. Además, podemos usar las marcas longitudinales, central y laterales, como guía del camino y no perder la referencia de por dónde circulamos. En caso de perder la referencia de la calzada y caer en los nervios, podemos retirarnos a un lado de la calzada y conducir a una velocidad más baja por el arcén con las luces de emergencia hasta que las circunstancias nos permitan volver a circular con total confianza.

La tecnología, nuestra gran aliada

Hoy en día, los vehículos modernos cuentan con numerosos asistentes automatizados que nos permiten una mayor facilidad para conducir en este tipo de circunstancias, para evitar en la medida de lo posible el error humano, la pérdida de estabilidad del vehículo y las frenadas complicadas:

  • ABS (Sistema Antibloqueo de ruedas): permite mantener la dirección y el control del coche cuando se produce una frenada de emergencia y acortar así el tiempo de reacción.
  • ESP, estabilidad: sirve para corregir las pérdidas de control en el caso de derrapes, permitiendo una frenada individual de cada rueda.
  • ACC (Control de Crucero Adaptativo): frena o acelera el coche automáticamente en función de la distancia de seguridad adecuada. En cualquier caso, no impide que el conductor controle acelerador y freno por su cuenta.
  • ASR (Control de Tracción): en el caso de arranques sobre suelos deslizantes con hielo y agua, impide que las ruedas patinen, ofreciendo un mayor agarre y empuje.
  • Aviso de frenada de emergencia: detección y aviso al usuario cuando el resto de vehículos puedan cruzarse o sean susceptibles de cometer una colisión. También avisa cuando hay un despiste y no se ha presionado el freno.
  • Luces adaptativas: de tipo xenón o LED, calibran la luminosidad ambiental, la distancia a otros vehículos, el estado de la carretera y climatología para ajustar el alumbrado.

En cualquier caso no debemos olvidar hacer una correcta revisión rutinaria de nuestro equipo y un chequeo de los elementos clave de nuestro vehículo para prevenir cualquier tipo de avería mecánica durante estas condiciones tan exigentes. El control de la profundidad del dibujo de los neumáticos, la suspensión y frenos, la batería y el sistema eléctrico de manera general, junto con otros elementos a verificar como la climatización, el estado de los limpiaparabrisas, el alumbrado, el líquido anticongelante, aceites y filtros.

Además, recomendamos tener siempre a disposición en el coche una rueda de repuesto, un kit antipinchazos, cadenas de nieve, triángulos y chalecos reflectantes, rascadores, linterna, guantes, una pequeña pala, pinzas para la batería, entre otros. Así nos aseguraremos de poder resolver cualquier inconveniente que nos haga abandonar la ruta durante el invierno.

Esta infografía de la Fundación MAPFRE te resume todo lo que tienes que tener en cuenta para conducir con climatología adversa:

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Fundación Cavat

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